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Game of Thrones Temp. 07 Ep. 04: “El caos es una escalera”

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“El caos es una escalera” es una frase que Meñique (o Littlefinger si no soportas su nombre en español) dice en la tercera temporada de Game of Thrones, y al mismo tiempo, es algo que Brandon Stark le repite a este personaje en el último episodio (en un momento conocido como el “Turn down for what?” más grande de la historia desde que Olenna Tyrell le confesó a Jaime su participación en la muerte de Joffrey). Sí, en mi primera oración ya he mencionado muchísimos nombres que en el caso que no estés familiarizado con la serie (por favor, corre, vela y familiarízate con ella), sentirás que la trama es muy confusa. Y sin duda, la serie ha llegado a eso: confusión, desorden, incertidumbre; por eso me parece increíble que los escritores hayan reutilizado esa frase para este cuarto episodio de la séptima temporada, “The Spoils of War”, porque lo que sentí todo el capítulo es sencillamente eso. Caos.

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Este capítulo viene con dos eventos esperados por fans desde la primera temporada. El más hablado ha sido la llegada de los dragones al juego de tronos. Daenerys Targaryen, reina legítima de los Ándalos y los Primeros Hombres (dice ella), vuela, al fin, sobre las tropas Lannister, quiénes arden ante las llamas de Drogon. Los ejércitos de los Lannister, liderados por Jaime Lannister, venían de tener una victoria inesperada contra los Tyrell e iban de regreso a Desembarco del Rey hasta que fueron emboscados por la reina de dragones y su horda Dothraki.

Es el evento más hablado porque regresa a la tradición GoT de “tengamos un capítulo calmado y en el último momento, hagamos una batalla descomunal que nadie pueda esperarse”.  Hasta ese punto en el capítulo, sólo habían ocurrido conversaciones. Lo más agresivo había sido un entrenamiento entre Arya y Brienne (pelea que, por cierto, demostró lo mucho que ha cambiado Arya en 6 temporadas). Entonces, cuando vemos a Jaime y a Bronn estar sorprendidos por la llegada de salvajes y una bestia voladora de otro continente, es porque nosotros como audiencia también lo estamos. De la nada, pasamos de un episodio tranquilo a una de las escenas más brutales de toda la serie. Personas incineradas en segundos, humo negro que llega hasta las montañas más altas; fuego, fuego, fuego por doquier. Ya habíamos visto varias batallas en la nieve pero ninguna en Game of Thrones había tenido tantas llamas. Eso demuestra el poder que tiene Daenerys ante un escenario de guerra; con sólo una palabra es capaz de destruir uno de los ejércitos más poderosos en Westeros.

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Y el final de esta batalla épica va de la mano con la sensación que tienen los soldados en el campo (o al menos, eso es que los escritores quieren que sintamos). En el medio del enfrentamiento, Bronn ataca a Drogon utilizando una ballesta preparada por Qyburn, la Mano de la Reina; escena que debo decir me recuerda al enfrentamiento entre Bardo, el Arquero y Smaug, el Terrible en El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos (2014). Herido por la flecha, el dragón cae a las orillas del agua y Daenerys se baja para ayudar a su “hijo” (de nuevo, así es como ella lo llama). Es en este momento en el que Jaime aprovecha su oportunidad y – en contra de los deseos de su hermano, Tyrion – cabalga hacia la reina de los dragones para eliminarla. En el último instante, Drogon se fija en el héroe Lannister y escupe fuego por la boca, pero alguien (no se sabe si Bronn o Dickon) empuja a Jaime al agua; dejándonos a todos desconcertados por los hechos que ocurrieron en menos de un minuto.

Este enfrentamiento logró, al igual que la Batalla de los Bastardos (aunque no al mismo nivel) que estuviésemos adentro del campo de batalla. A través de una edición bien pensada y una producción que sólo puede tener el adjetivo de “colosal”, vimos una pelea que a pesar de ser corta, superó a cualquier otra pelea de Hollywood en términos narrativos y técnicos. Pero más importante, Game of Thrones logró plasmar en pantalla la intención de su creador, George R.R. Martin: empatía por todos los personajes que estaban luchando. Durante ese último choque de Jaime vs Daenerys, el público estaba al borde de su asiento no porque su personaje favorito quizás iba a morir sino porque la mayoría no quería que alguno muriera. Hemos visto a Jaime, Tyrion, Bronn, Drogon y a Daenerys pasar por tanto que en esos breves instantes, deseábamos que todos lograran salir con vida de alguna forma (por más que probablemente no va a ser así). El momento en el que no sabes de qué lado estar es el momento en el que los escritores ya ganaron. 

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Ahora, ¿qué pasó en el resto del capítulo? ¿Pasó algo?

El segundo evento interesante ocurrió mucho antes a la pelea y en realidad, no ha tenido el mismo impacto en la gente. Hablo, por supuesto, de la reunión Stark que todos esperábamos tanto. Después de muchas tragedias (asesinatos, violaciones, torturas, etc), vemos a Brandon, Arya y Sansa reencontrarse. Arya es ahora una asesina profesional cuyas habilidades con la espada son similares a las del maestro Yoda en Episodio II: El ataque de los clones (2002) (pero más creíbles), Bran es un profeta omnipresente, omnipotente, omnisciente y básicamente todo adjetivo que tenga el prefijo “omni-“, y por último, Sansa es… bueno, Sansa. El momento en el que estos tres personajes se vuelven a ver es algo que hemos esperado por años y debo decir que el resultado final fue… un poco decepcionante.

Llegamos a lo que me parece que es la gran falla del capítulo y es la herramienta de doble filo del estilo de escribir de los creadores de esta serie. Llevamos 7 temporadas en donde tenemos varios storylines que son complejos y coherentes; storylines que cubren centenas de personajes en donde cada uno tiene su respectivo arco argumental. Ahora, al disminuir la cantidad de episodios en las últimas dos temporadas es necesario cortar material y por lógica, acelerar las historias. Por eso mismo, hay personajes que incluso ya no están en la serie por más que sus historias no hayan terminado y otros que tienen arcos que desaparecen por completo.

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Vamos con la familia Stark. Al momento en el que los vemos reunidos por primera vez en años, sentimos lo que tendremos más adelante con la pelea: no sabemos de qué lado estar. Aunque en este caso, no es porque queremos que todos ganen sino porque ninguno parece generar suficiente empatía en el espectador. ¿Por qué si son de los personajes más queridos en la audiencia? Pues, con los Stark ocurre que pareciera que cada uno está tan metido en su propio mundo que no podrían hacer otra cosa y por lo tanto, no funcionan como equipo. Ellos mismos se sienten fuera de lugar; chocan con lo que tienen en frente. El personaje que Sansa estaba desarrollando desde hace varias temporadas se destruye por completo ante la presencia de Bran y Arya. Bran, cuyos poderes lo convirtieron en un ser superior al resto, es incapaz de mostrar una pizca de humanidad ante su propia familia, incluso cuando corren peligro. Arya, la más honesta de todas, se siente distinta ante un lugar que solía ser su hogar y ya no.

Por muy creíble que sea el intento de demostrar los cambios de cada uno al ponerlos en contraste con los otros, las escenas que tienen juntos se sienten vacías. Quizás esa es la intención de los escritores y es algo que querrán explorar más adelante pero por muchas razones se sienten insuficientes, al menos por los momentos. Y mi problema recae en el simple hecho de que Bran y Sansa cambiaron radicalmente de un episodio a otro. Sin ninguna explicación, Brandon pasó de ser un joven que encontró nuevos poderes en la última temporada (un evento similar a Neo en The Matrix (1999), diría yo), a ser Benedict Cumberbatch en Sherlock (2010 – )Por muy justificado que sea este cambio, es necesario demostrar el paso de una cosa a la otra sin que sea algo de golpe.

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Sansa llevaba temporadas transformándose en una versión más joven de Cersei. La hermosa mujer cuyos poderes no eran el de controlar aves o asesinar a oscuras, sino el poder de la política. Aprendiendo de la misma reina y de su querido Meñique, Sansa tendría que convertirse en la próxima manipuladora de aquellos que son enemigos de los Stark. Pero de nuevo, sin razón alguna, Sansa pasó de eso a volver a ser la adolescente que no sabe mucho qué le está ocurriendo a su alrededor. Por esto, cuesta sentir empatía por estos dos personajes que son tan vitales a la trama.

Esta es una reunión que necesitaba más emoción y acción. “¿Qué pasó más allá del Muro?”, “¿Qué eres capaz de hacer ahora?”, “¿Cómo haremos para resolver esto?”. Es curioso que probablemente Bran sabe que Meñique está conspirando contra ellos (como ha hecho anteriormente) y es una posible amenaza pero aún así, nadie hace nada. Esta es mi mayor crítica hacia este capítulo.

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Pero, ¿es entonces un buen capítulo?

Algunos lo llaman “el mejor capítulo de toda la serie”, pero me parece que está lejos de serlo. De todas formas, es un capítulo que  gustó bastante. Inevitablemente, es un episodio con fallas; fallas que espero puedan resolver en el futuro cercano (próximo domingo a las 9:00 pm) y aún así, es el episodio más interesante de la temporada. Abarca todo lo que está ocurriendo en Westeros, directa u indirectamente. Desde comienzo a fin, la audiencia es llevada en una montaña rusa de emociones: desde ver a Cersei conseguir el gran capital para la guerra (cosa que puede costarle bastante a Daenerys), hasta Jon Snow mostrando humildad ante Khaleesi, recordándole el porqué de sus acciones.

Desde el primer momento, GoT tiene como propósito sorprender y confundir a su audiencia.  Dentro de todo, pretende hacerte creer que algo va a ocurrir y después ocurre exactamente lo contrario. Justo después de eso, caes en un momento de incertidumbre donde no tienes idea de qué te van a lanzar. Por último, ves como las piezas se empiezan a poner en su lugar y arman un resultado que te hace pensar “¿Cómo no vi venir eso si era tan obvio?”. Un resultado de una trama que parece tan bien preparada que se asemeja a un objeto real y tangente. Como una silla, una mesa, o una de esas escaleras que puedes armar y desarmar. Y después de todo, ¿no es el caos una escalera?

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