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“Star Wars: El Despertar de la Fuerza”: el Mito que despierta, por Fulvio Quintana

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Lo primero que recuerdo al momento de escribir esta reseña es a mi grandioso profesor de Análisis Literario diciéndome, en un tiempo muy, muy lejano, que imaginaba a George Lucas cuando agarró la “Morfología del cuento” de Vladimir Propp como una receta; se sentó, escribió el guion de Una Nueva Esperanza (A New Hope, 1977) y estableció, así, todo el esquema narrativo de Star Wars con base en las funciones que conforman la estructura mítica del héroe.

He pensado en esto seriamente para poder entender el nivel astronómico de emoción y sobreexcitación que desarrolla en mí (y en muchos) esta saga. No creo que sea suficiente plantearlo desde la propuesta de ficción creada por Lucas, o la actualización de estas funciones en un entorno galáctico, o todo el imaginario de estas películas dentro de la cultura pop, ni siquiera la larga espera para una nueva historia. Tiene que haber algo más, y ese “algo más” solo lo comprendo como lo que ya ha sido estudiado infinitas veces: el héroe y su viaje. Desde el Aquiles y el Ulises de Homero en La Ilíada y La odisea, respectivamente (sin mencionar todo lo que está antes), hasta la maravillosa Rey, en The Force Awakens, el proceso de iniciación y búsqueda del héroe mueve en algún recóndito lugar de nuestra psique y de nuestro inconsciente colectivo fibras tan profundas, que es imposible no sentirse batuqueado por la experiencia cinematográfica que es Star Wars.

Todo este previo lo planteo porque la mayor crítica que se le ha hecho al Episodio VII es el reciclaje de estructuras ya vistas en las anteriores entregas, con un nuevo empaque. Yo considero, sin ningún tipo de duda, que ese es su mayor acierto; y que actualizar y replantear esas estructuras para estos tiempos, es su mayor logro. J.J. Abrams, el director y co-guionista (firman también Lawrence Kasdan y Michael Arndt), es muy, muy inteligente. Un fandom tan grande, longevo y exigente como el de Star Wars requería a alguien como él. Su trabajo consistía, básicamente, en complacer a los fans antiguos, a los nuevos y atraer a muchos jóvenes de la generación actual. Ya lo había logrado, y con creces, en el reinicio de Star Trek (Star Trek, 2009 y Star Trek: Into Darkness, 2013); pero con The Force Awakens su trabajo supera lo impecable.

Esta nueva entrega mejora infinitamente las muchas flaquezas de las precuelas (Episodios I, II y III); solo sostenidas por la fuerza de una historia ya construida y algunos (pocos) momentos gloriosos, no por la dirección de George Lucas. Y se equipara en épica y calidad con la trilogía original (episodios IV, V y VI). Desde el primer plano hasta el último, The Force Awakens destila Star Wars. Nunca la ópera espacial se había sentido tan real, tan tangible, tan respirable.

Tenemos tres nuevos protagonistas: Finn (John Boyega), el Stormtrooper desertor; Poe Dameron (Oscar Isaac), el mejor piloto de La Resistencia; y Rey (Daisy Ridley), una “chatarrera”. Los tres entregan todo desde su primera aparición y se convierten, rapidísimo, en personajes carismáticos y con la fuerza (¿Fuerza?) suficiente para sostener la película. El Finn de Boyega es el que nos regala los momentos más cómicos, al más puro estilo humorístico de Star Wars. Oscar Isaac como Poe está magnífico, aunque un poco desaprovechado; espero mucho de él en las próximas entregas. Pero es Rey, la gran Daisy Ridley, quien se lleva los laureles de gloria. Esto es en gran parte, por supuesto, por el desarrollo de su personaje. Pero esta chica tiene una fuerza que no se siente hasta que le toca resolver actoralmente unas escenas en las que todos tuvimos una taquicardia brutal gracias a su trabajo. Es en las escenas más íntimas en donde siento que le falta un poco de melodrama, pero nada opaca su labor.

Acompañándolos a ellos de la mejor manera posible, están Han solo, Leia, Chewbacca, C3PO, R2D2 y, por supuesto, Luke Skywalker. Los gritos, espasmos contenidos y aplausos desaforados que provocan sus apariciones demuestran que, más que nunca, esta historia tiene mucho que contar. Hay nuevos secundarios con presencia puntual que cumplen bien: el Líder Supremo Snoke (Andy Serkis), el General Hux (Domhnall Gleeson) y Maz Kanata (Lupita Nyong’o). Eso sí, todos queremos más de la Capitana Phasma (Gwendoline Christie).

He dejado en un párrafo aparte a dos nuevos personajes. Primero, la maravilla que es BB-8, el nuevo “robot” rodante. Esta creación reúne toda la gracia que ha convertido a R2D2 en el verdadero héroe sentimental de la saga y la condensa en un conjunto de gags graciosísimos y muy creativos, aprovechando al máximo las posibilidades comunicativas de sus sonidos, de su expresión corporal y de su movilidad esférica. Sin duda, BB-8 es de lo mejor que propone esta nueva entrega. Segundo, Kylo Ren. El nuevo malo. Las reminiscencias a Darth Vader no son solo obvias, sino premeditadas. Tenemos un malo con máscara, una voz filtrada e imponente, una psicología compleja y una escena en un puente. Adam Driver como Kylo Ren logra, para mí, la mejor actuación del conjunto. Gracias a él tenemos un malo malísimo que es profundamente vulnerable, y todo es creíble. Espero mucho, mucho de él en los próximos episodios.

En cuanto a los demás aspectos, el visual es perfecto. J. J. nos regala unos planos impresionantes, sustentados en una hermosa fotografía (Dan Mindel es el encargado); la iluminación en cierta batalla que se da en un bosque nevado estuvo más allá de lo que yo podía soportar. El inteligente uso del GGI que se fusiona con la acción real de manera armoniosa (no puedo dejar de pensar en el error garrafal que es Jar Jar Binks). La música del legendario John Williams nos infla las arterias. La edición, el montaje; no hay respiro. Esta película la hicieron con amor, sabían lo que tenían en sus manos. Tenemos batallas espaciales como nunca antes las habíamos visto, tenemos planetas diversos y creíbles, tenemos seres de todas las razas y todas las formas; hasta tenemos un bar interplanetario con jazz, como debe ser.  Y, cómo no, al Halcón Milenario volando en todo su esplendor.

Sin duda, si esta crítica la hiciera solo de la película como ente independiente, algunas cosas no me parecerían tan bien logradas. Pero hacerlo así no solo es imposible, sino absurdo. Es una propuesta cinematográfica que parte de un imaginario previo, que se inserta en él con absoluta comodidad y que propone un comienzo con base en su origen. Eso era lo que esperaba que fuera, y es exactamente lo que es. Lo mismo, pero nuevo. No puede darse un reinicio de algo como Star Wars sin retornar a la base narrativa de su éxito. Ya vendrán los otros Episodios y los Spin-Offs para ampliar las posibilidades. No puede confundirse eso como falta de originalidad, sino como cordura.  Joseph Campbell nos dice en “El héroe de las mil caras” (1949) que no importa qué tipo de héroe se plantee, no importa la cultura o la época, hay un monomito, una historia universal y atemporal que se reitera infinitamente en una separación, una iniciación y un retorno. Todo esto lo podemos encontrar en los Episodios anteriores de Star Wars y todo eso lo podemos encontrar en el Episodio VII, eso es The Force Awakens. No hay otra forma de salir de la sala de cine luego de ver esta película que con el corazón en la garganta. Ha habido un despertar, sí, puedo sentirlo. Ha despertado, nuevamente, el mito que somos y que nos contamos una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…

Clasificación Amo ir al Cine: debes verla antes de morir, rating 5/5 

Crítico: Fulvio Quintana​

Redes: @Palabriado

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