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Retro crítica: ¡Oh, no! ¡Es Gojira! ¡Tokio está perdido!.. pero el cine no

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Los fanáticos de los kaijus que no hayan visto Gojira (1954) tienen tarea que hacer. Esta cinta es el origen de una temática que hoy en día tiene más vida que nunca: las peleas de monstruos gigantes. Para dejarlo claro de una vez, Godzilla es Gojira, pero según la fonética del inglés.

El director Ishiro Honda realizó esta película como una metáfora de las bombas atómicas que Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial. Por esta razón, Gojira significa destrucción. No importa si el personaje ataca o protege. Por donde sea que pase, siempre va a arrasar con todo. Además, el hecho de ser un animal lo hace actuar por instinto, no por razón; él siempre peleará para sí mismo y no para ayudar a otros, cualidad característica de un antihéroe.

La cinta es impactante por su mensaje. Que la humanidad tenga el poder de hacer algo no le da el derecho a ejecutarlo, y mucho menos si se trata de la utilización de armas de destrucción masiva, las cuales pudieran ser herramientas poderosas en las manos correctas o armas muy peligrosas en las manos incorrectas.

El hecho de que El Rey de los Monstruos aparezca solo lo necesario es el secreto de la película. El suspenso es la clave del ritmo en esta trama. Además, ver Gojira hoy le da un encanto aún mayor a la obra, ya que en ese momento el cine se hacía con las manos, no con un ratón de computadora. Y ver cómo lograron escenas que actualmente se concretarían con efectos digitales es un deleite visual que alimenta la nostalgia.

La vigencia de la pieza es la prueba de su alta calidad. Las buenas películas no agradan únicamente en un momento determinado; estas trascienden a lo largo de las épocas para que las audiencias las disfruten en cualquier punto de la historia.

 

 

 

 

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