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Piratas del Caribe 5 no está en el libro rojo de Scannone

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No importa cuántas películas de Piratas del Caribe (2003-2017) saque Disney. Mientras Johnny Depp siga interpretando a Jack Sparrow, la gente las seguirá viendo. El problema está en que los estudios tratan de exprimir las sagas hasta sacarles la última gota de jugo y se arriesgan a que el próximo vaso no quede tan lleno como los demás. Piratas del Caribe: la venganza de Salazar (2017) es un caso curioso, porque fue hecha con la misma receta que sus cuatro antecesoras, pero con menos azúcar.

La cinta respeta la fórmula de la saga y busca darle la misma armonía y el mismo encanto; en algunos momentos lo logra, pero  hay otros en los que es más desabrida, porque sus personajes principales intentan llenar los zapatos de Will Turner, Elizabeth Swan, y, en algunos casos, Sparrow trata de superarse a sí mismo. Sin embargo, Piratas del Caribe es Piratas del Caribe; no hay fracasos… Por ahora.

El filme posee un villano muy interesante, porque quien sea capaz de asustar al capitán Barbossa es capaz de intimidar a Chuck Norris (no, mentira. Nadie puede intimidar a Chuck Norris, pero el capitán Salazar tiene su tumbao). Este antagonista sale a colación porque dicen que las películas son tan buenas como sus villanos, y Piratas del Caribe: la venganza de Salazar sirve al villano como plato principal, pero a los buenos como una simple degustación. Ahí está el detalle: el filme promociona a sus héroes como si fueran a volar, pero estos solo caen con estilo (buena esa referencia, ¿no?). Por dicha razón, cualquiera de las primeras cuatro películas es una montaña rusa con tirabuzón, mientras que la de Salazar es la montaña del gusanito de Luna Park.

Quizás esta quinta entrega no supere a sus antecesoras (eso lo decidirá cada quien), pero el largometraje es digno de ser visto, porque aunque deja a la gente con hambre, por lo menos advierte que habrá postre.

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